Real de San Carlos
En 1760 cuando Pedro de Cevallos inicia el sitio militar, hecho que culminaría dos años más tarde, se instala en un lugar al que llamó “ Real de San Carlos ”.
La fundación del paraje se concreto en 1761. Se le dio el nombre de San Carlos. El nombre "San" en representación de las tropas que eran afectas a la religión católica y "Carlos" en honor al Rey Carlos III de Borbón, ya que eran las tierras del Rey. Debido a la estratégica posición geográfica que este lugar mantenía, servia como punto de apoyo a la artillería, ya que los españoles sólo podían desembarcar allí, debido a la profundidad del río. En este paraje se mandó a construir un hospital militar y una iglesia. Las tropas españolas nunca emprendían una conquista sin tener consigo un Sacerdote, el cual cumplía roles de párroco, maestro de escuela, médico y enfermero cuando era necesario. Se supone que el hospital y el convento formaban un solo edificio y que el el cementerio que se ubicaba alrededor de la capilla. Cevallos, pensando que debía conservar el espíritu cristiano de los españoles, mandó a sus soldados e indios a construir una iglesia. Utilizando barro, piedra y ladrillo de adobe, se alzó el templo que tenia veintidós metros de largo por ocho de ancho y las paredes de ochenta centímetros de espesor. Para concluir, se utilizó la teja española apoyada en tirantes de madera dura y cañas tacuaras quinchadas unidas por tejidos de correas de cuero. Se le llamó "Capilla de San Carlos" y luego "De San Benito".
Fue inaugurada en 1761 y el primer bautismo allí realizado, data del 20 de agosto de este mismo año. COMPLEJO TURÍSTICO REAL DE SAN CARLOS. Corría el año 1908 cuando un capitalista argentino, Don Nicolás Mihanovich, solicita la concesión del Real de San Carlos con el fin de construir allí un complejo turístico o lugar de recreo para la explotación del turismo. La concesión le fue otorgada el 3 de junio de ese mismo año. Comprendía la construcción de una gran Plaza de Toros, un Frontón de pelota de mano, Hotel, Casino, Usina Eléctrica, y un Muelle para el atracadero de barcos con un balneario aprovechando las características del lugar. Se construyó así un muelle con dos brazos paralelos, con rieles por donde circulaban pequeños vagoncitos que transportaban a los pasajeros desde el muelle hasta la Plaza, y por el otro brazo, el equipaje. Esta sociedad anónima había hecho un contrato con el gobierno por 25 años para explotar esta zona turística y a cambio debían abastecer de energía eléctrica a toda la ciudad. Pero el gobierno argentino puso un impuesto para las personas que viajaban a ciudades que tenían Casino.
Remontándose al año 1908, cuando comenzaba a alzarse la majestuosa Plaza de Toros, viejas crónicas nos permiten reconstruir su cálida e intimista historia. Amarillentos textos nos traen el embrujo de aquellas tardes de la primera década del siglo, imantadas por los trajes de luces y el paso de los gallardos toreros. Ricardo Torres (Bombita), su hermano Miguel Torres (Bombita Chico) y el Rejoneador Mogador de Cobas, todos de origen español, que asombraron al público con sus galas y sus pases en este nuevo espectáculo para el público uruguayo.
La primera corrida fue el 9 de enero de 1910 y los toros fueron traídos de España. Vale la pena resaltar que este hecho fue presenciado también por público argentino, el que quedó totalmente exaltado por el esplendor del espectáculo. La fiesta taurina se realizó por segunda vez, un mes después, resultando ser uno de los acontecimientos de excepcional resonancia.
Cuando accedemos a la monumental construcción deteriorada por el tiempo parece que cobrara alas la imaginación y volvieran a escucharse los tambores, cornetes y gritos entusiastas de la multitud. En total las corridas fueron ocho, la ultima se realizó el 27 de marzo de 1910 cuando por decreto del gobierno de "José Batlle y Ordóñez" se prohíbe este sangriento espectáculo. Se dice también que fue escenario donde cantó Carlos Gardel.
Casi un siglo después de su inauguración las gradas de la plaza conservan aun su espíritu transmitiendo por sucesivas generaciones de asombrados contempladores del pasado.

